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Le salvó la vida y ahora son mejores amigos

01.04.08

Un perro evitó que un canguro bebé muriera en un accidente de tránsito. Desde entonces, son inseparables

"Estaba tan sorprendida y fascinada", recordó Leonie Allan, la dueña del can que es considerado un héroe. "Rex salvó el día". 

El perro estaba paseando por una ruta cuando vio a un canguro que había sido atropellado. En seguida se acercó para ver lo que había sucedido, pero su dueña lo apartó.

"Temí que hubiera encontrado alguna serpiente, por eso lo llamé", recordó Allan quien obligó a su mascota a alejarse. Sin embargo, Rex no se dio por vencido.

El perro se acercó nuevamente al canguro atropellado y, con extremado cuidado, sacó de su bolsa a su cachorro. El animalito aún estaba con vida. Lo tomó desde el cuello y se lo alcanzó a su dueña.

"Obviamente pudo sentir al bebé", destacó la mujer emocionada. Le pusieron de nombre Joey.

El diario Daily Mail publicó imágenes de los dos animales jugando en el jardín. Desde aquel día son inseparables y disfrutan de constantes aventuras juntos.

Fuente: www.infobae.com 

A FONDO: RUBEN MENTZEL, VETERINARIO Y ETÓLOGO

Inteligencia y emociones en el mundo animal. Pocos de los que tienen un perro o un gato dudarían de que son parte de la familia y de que tienen sentimientos, casi como los humanos. Sin embargo, la etología, que estudia la conducta de los animales, es reacia a igualar comportamientos de unos y otros, en una revisión de lo que figuras muy conocidas como Konrad Lorenz sostuvieron por mucho tiempo.

Es sano para las mascotas que se advierta la singularidad de su conducta, sin asemejarla a la del hombre. Así razona Rubén Mentzel, uno de los muy pocos etólogos que existen en la Argentina. Veterinario especializado en etología clínica, Mentzel es docente del Departamento de Medicina de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA y del Hospital Escuela de Medicina Veterinaria de la misma universidad. Es miembro fundador y directivo de la Asociación Latinoamericana de Zoopsiquiatría.

Hace muchos años yo compré, por el título, dos libros que resultaron deliciosos: "Bichos y demás parientes" y "Mi familia y otros animales", del zoólogo inglés Gerard Durrell. Realmente, ¿los animales pueden formar parte de nuestra familia?

—Si uno observa lo que ocurre en cada casa, ve que la forma de integrar a perros y gatos —que son las mascotas más frecuentes— es muy variada. Hay quienes realmente los integran como si fueran un hijo más o incluso una pareja. Muchas personas de la tercera edad los toman como una compañía clave, y está demostrado que su presencia es benéfica para los ancianos. En el otro extremo —y también ocurre en muchas casas— el animal es una especie de cosa, una maceta, un adorno, valorado solamente porque es de una buena raza o está de moda; en esos casos generalmente no está atendido como un animal debe estarlo. Creo que lo que le describí son posiciones extremas.

  • ¿Y en el medio?

—En el medio, lo que es más saludable para unos y otros: el perro y el gato forman parte de la familia, pero ocupan su lugar, no el de un humano. Son queridos y sus necesidades son atendidas, pero no se los humaniza. Tienen su lugar para dormir y su lugar para comer, reciben afecto, hacen ejercicio y juegan. Se genera así una buena simbiosis: la familia cuida al animal y éste aporta lo benéfico de su presencia.

  • ¿Qué tiene de malo humanizar a un animal que vive con uno?

—Para la gente, quizá valorar de una forma incorrecta lo que significa tener un animal de compañía. Pero para los animales, los peligros son bastante mayores. En principio, aparecen trastornos que van desde los orgánicos hasta los de comportamiento. Cuando el hombre los humaniza, los trata como quisiera que lo trataran a él y eso no siempre es bueno para el animal.

  • A veces el origen de las palabras ayuda: animal viene del latín anima, que significa alma. ¿Eso no avala que sintamos casi humanas a nuestras mascotas?

—No sé si es útil remontarse a cosas tan antiguas como el origen de las palabras. La ciencia hoy nos dice otras cosas.

  • ¿Pero la ciencia no dice que perros y gatos sienten de manera parecida a los humanos? ¿Es un error creer que los animales tienen comportamientos similares a los de la gente?

—Sí, es un error. No está mal que el hombre crea que su perro lo quiere, siempre y cuando respete las necesidades del perro. Si al hombre le sirve creer que el perro lo quiere, no hay ningún problema. Pero si el hombre, en función de que descuenta que el perro lo quiere, supone que no le va a gruñir, o cuando lo hace supone que está traicionando el amor que le brinda, ahí está el error.


Aprenden, se estresan, temen

  • ¿Es un error también creer que perros y gatos tienen emociones, sentimientos, inteligencia?

—Empecemos por la inteligencia, que es más sencillo de definir. En el concepto más amplio, inteligencia significa capacidad de aprender. Obviamente, perros y gatos aprenden. Pero inteligencia, de manera más amplia, significa capacidad de razonar. Nuestras mascotas no la tienen, o al menos no tenemos posibilidad de detectarla. Yo particularmente creo que no la tienen. Podría haber indicios de un esbozo rudimentario, que en esas especies es el inicio de lo que después la evolución desarrolló en el hombre. Los animales no pueden razonar ni ejecutar un problema por primera vez y elaborar una respuesta abstracta tomando elementos de otras experiencias y coordinándolos de una forma adecuada para resolver ese problema. Cuando se los somete a estudios de laboratorio, los animales proceden simplemente por ensayo y error.

  • Volvamos a lo más difícil: emociones y sentimientos.

—Sí, tienen emociones; se ha podido demostrar. La más típica en todo el reino animal es el miedo. Cualquier animal tiene miedo y esa emoción básica le permite sobrevivir y perpetuar la especie. Hay otras emociones más complejas, que recién se están estudiando, que tienen que ver con la agresión, respecto de la defensa de la cría o del territorio, por ejemplo. Vemos que en los animales hay agresión, comportamiento agonístico; no ira o bronca, que son rasgos humanos. También se han detectado estados de ansiedad y estrés. Gatos y perros no se estresan por las mismas razones que nosotros, claro, pero sí, por ejemplo, por un miedo sostenido o la repulsión a vivir muchas semanas en una jaula. Estas emociones negativas pueden derivar, incluso, en reacciones depresivas orgánicas, no psicológicas.

  • ¿Los animales tienen sentimientos?

—¿Usted habla de amor, odio, celos?

  • Por ejemplo.

—No, no tienen sentimientos. Esos son exclusivos del hombre. En todo caso, si los llegaran a tener de manera primaria o sutil, aún no han sido científicamente detectados.

  • ¿Usted no cree que hay perros y gatos que quieren a aquellos humanos con los que viven?

—Lo que los perros desarrollan es un vínculo afectivo social, porque también lo desarrollan entre perros. Los desarrollan con el hombre porque las circunstancias de la vida los hacen convivir con el hombre. Si hubiesen nacido en forma salvaje, dentro de una manada de perros salvajes en medio del campo, van a tener el mismo vínculo afectivo social con los otros perros con los que conviven. Los códigos que los perros desarrollan entre sí los trasladan hacia los hombres. Por ejemplo, siempre se manejan en grupos, en función de una organización jerárquica. Porque es la única forma en que el perro puede integrarse a un grupo y que ese grupo sea estable, es decir, que sus integrantes no estén peleando todo el tiempo. Con los dueños pasa lo mismo. Lo que ocurre es que el dueño lo ignora, pero el perro establece una relación afectiva jerárquica con él: algunos perros dominan al dueño y otros perros se someten a él. Entonces, hay una relación afectiva, pero dentro de la estructura simple del vínculo social de un perro con el otro miembro de la manada familia. La familia con la que vive es su manada y él actúa y se relaciona de la misma manera como lo haría dentro de un grupo de perros sueltos en el campo.


Las reglas del juego

  • La mayoría de los que tienen mascotas viven interpretando sus conductas en términos humanos. Parece que están muy equivocados, entonces.


—El de humanizar o interpretar todo desde la óptica del hombre, que es antropomorfizar, es un problema de los científicos, no sólo de cualquier señor que tiene gato o perro. De esto se acusaba al etólogo más conocido por la gente, Konrad Lorenz. Lo grave es que a veces, a consecuencia de humanizar a los animales, no les damos lo que necesitan. No hablo de no darles agua o sombra, sino de señales claras para ubicarse. Si nosotros no le indicamos al perro, por ejemplo, quién es dominante y quién subordinado, a través de manejar correctamente situaciones que tienen importancia jerárquica para el perro, éste va a interpretar que el que domina es él. Y el día de mañana, cuando el dueño haga algo que el perro interprete como un desafío a esas prerrogativas, puede haber una agresión. Entonces, lo quieren mucho, lo tratan como a un hijo, duerme con ellos en la cama, come con ellos, le dan de comer en la boca, responden a todas sus demandas... No está mal que así sea si a la familia le gusta. El problema es que muchos perros van a interpretar todo eso como privilegios de su categoría de dominante. Porque el perro es así: sólo tiene la posibilidad de interpretar las señales de esa manera, no dentro de una relación de igual a igual. Si el perro se ubica en el lugar del dominante, un día lo voy a querer bajar de un sillón y me a gruñir o a morder. ¿Por qué? Porque ningún subordinado le quita el lugar de descanso a un dominante. En el comportamiento de los perros, eso es un desafío serio. Por todo esto digo que, si humanizamos a nuestras mascotas, las perjudicamos, porque no las estamos entendiendo realmente.

  • Su posición me hace acordar del filósofo alemán Friedrich Engels. En su "Dialéctica de la naturaleza" dice que "lo más a que puede alcanzar un animal es a recolectar; en cambio el hombre produce sus medios de vida. Esto hace imposible cualquier transferencia directa de las leyes de la vida de las sociedades animales a las humanas". ¿Realmente no hay vínculos posibles?

—Bueno, las cosas no son tan extremas. Hoy en día sabemos que, si bien los animales no pueden razonar, no sienten amor ni odio —y yo me alegro de que así sea—, tampoco son un mecanismo ni un disco rígido donde uno carga información y después aprieta una tecla para levantar el archivo. Es algo mucho más complejo, desde el momento en el que el hombre es fruto de una evolución en la que hay muchos otros animales antes. Hombres y perros no están tan lejos unos de otros. Las emociones y los estados de ansiedad y de estrés que comparten lo demuestran.

  • Entonces, ¿estudiar el comportamiento de los animales sirve para entender algo del comportamiento de los hombres?


—Seguro. Todo lo que se sabe hoy en día de los animales es producto de investigaciones que tienen como fin último hacernos entender mejor a nosotros mismos.

Fuente: www.veterinaria.org

¿Qué es la zooterapia?

Lic. Amelia Lorena / Lic. José Pose

Un nuevo estímulo

Un Programa de zooterapia es una metodología psicoeducativa que incluye una técnica de asistencia animal. Puede usarse para el tratamiento de niños con retraso mental o trastornos generalizados del desarrollo. Estos últimos son una serie de trastornos graves que se originan dentro de los primeros 5 años de vida, entre los cuales está incluido el autismo.

El Programa comprende una metodología denominada psicoeducativa con técnica de asistencia animal. La mascota desempeña un papel fundamental en la apertura del niño hacia nuevas actividades, funcionando como un poderoso estímulo.

La zooterapia es, de esta manera, una técnica que se basa en la estimulación para favorecer tanto el diagnóstico correcto como el aprendizaje y la adaptación de estos niños con capacidades diferentes. El estímulo está dado por animales, en su mayoría perros, pero también se ha experimentado con gatos, caballos, delfines, etc.

La gran utilidad de estos animales en las terapias es que logran lo que muchas veces ni la familia ni los profesionales pueden hacer: romper un tipo de esquema fijo de comportamiento, muy cerrado, que no les sirve para comunicarse con los demás, sino para recluirse en su propio mundo, como en el caso del autismo. De esta manera, el animal logra despertar el interés del niño y relacionarse con él, lo cual significa muchas veces un primer e importantísimo contacto. Roto el esquema, podrá empezar a incorporar otras conductas a través de la escuela y la familia.

Habitualmente se trata de lograr que el animal sirva de nexo entre el niño y su terapeuta. Al comenzar a jugar con una pelota, por ejemplo, un perro logra que el niño incorpore en su esquema al psicólogo que no ha logrado ingresar por otros medios. Por su parte, el animal se siente gratificado con el juego, y es su propio estímulo para colaborar en la terapia.

Problemas y soluciones

Una de las patologías que puede ser abordada mediante este tipo de terapia es el autismo. Éste es un trastorno generalizado del desarrollo y se caracteriza por problemas en la comunicación social y el contacto con el mundo externo. Actualmente se lo considera una patología de origen genético, y sus síntomas aparecen alrededor del año y medio, cuando empieza el período de socialización. El niño está "encarcelado" por una alteración tanto sensorial como perceptiva, que le impide recibir los estímulos externos. A menudo no dispone del lenguaje para comunicarse. Está aislados y le cuesta mucho adaptarse a cosas nuevas. Son pequeños con conductas estereotipadas y rutinarias, y esas conductas fijas son particulares en cada uno.

Los animales también presentan un esquema fijo de comportamiento, y esto sirve al terapeuta a reconocer el patrón del niño, ayudando al diagnóstico.
La conducta del animal se adaptará a la respuesta del niño, y no será la misma para un pequeño con un trastorno severo, que lo hace rechazar el contacto, que con otro con retraso mental que disfruta del contacto corporal.

Herramientas

La interacción del animal con el niño permite a los terapeutas diferentes recursos, de los cuales no disponen cuando no existe ese estímulo. Al filmar la sesión terapéutica, de la cual se participa como observador, se tendrá un material de estudio muy valioso. Se podrá reproducir la secuencia y volver a observar, seleccionando un tramo y analizando la interacción. Esto permitirá estudiar los movimientos cuadro por cuadro y llegar a la llave que abrirá la puerta de futuros estímulos. De esta manera, un diagnóstico que antes demandaba dos meses, podrá resolverse en un solo encuentro con la asistencia del animal. Éste seguirá participando durante el resto de las sesiones del tratamiento, y actuará como un estímulo terapéutico.

La mayoría de los terapeutas que usan animales prefieren los perros por una serie de ventajas. Necesitan poco espacio para moverse, son inteligentes y muestran afecto, les gusta jugar y buscan la compañía humana. Se los puede educar fácilmente, pero no deben perder la naturalidad dentro de su esquema de comportamiento.

En general, un tratamiento se extiende entre seis meses y un año. Luego de ese tiempo, los controles pueden extenderse hasta una vez por mes, pero el tratamiento no se da por concluido. Al llegar a la adolescencia, estos niños experimentarán cambios y habrá que reajustar ya sea la terapia educativa, la medicación, o ambas.

Un programa psicoeducativo también incluye a los padres, con quienes se trabaja sobre cómo van a estimular al niño en el hogar. En algunos casos necesitan terapéutica familiar, que se les proporciona paralelamente.

Fuente: www.latinsalud.com 


 

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