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La raza, tal como la conocemos hoy en día, fue definida en sus rasgos centrales hace unos 100 años aproximadamente en los alrededores de la ciudad suiza de Berna.

De los cuatro tipos de boyeros suizos existentes, el de Berna, es el de mayor envergadura y de pelo más largo, con un porte realmente majestuoso. Sus ancestros se remontan a los perros tipo mastines que acompañaban a los soldados romanos en la época de expansión de su Imperio.

Según las teorías más aceptadas, su desarrollo como raza autóctona, a la que también se llamaba Durrbachler, se produjo en función de los trabajos que desarrollaban en su hábitat natural, las escarpadas montañas de los Alpes suizos.

 

En sus orígenes, el boyero fue criado por agricultores, campesinos y criadores de ganado, por lo que desempeñaba múltiples funciones. Cuidaba de los niños, las casas y las vacas, además de cumplir trabajos como llevar los carros cargados con jarros de leche.

Rebautizado como Bernersennenhund a comienzos del siglo XX, con los años cobró fama en toda Europa por sus destacadas características físicas y su noble comportamiento, que lo llevaron a ser considerado un excelente perro de familia.

Las actuales condiciones de la raza datan de 1983, cuando se comenzaron a modificar ciertos detalles: ahora son más altos y su pelaje blanco fue notablemente reducido.

 

 

 

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